Foto: Roxana Molina

Un día después de la firma del acta por la paz, entre el movimiento indígena y el Gobierno, la PUCE hizo una pausa. Los voluntarios, estudiantes, docentes y más colaboradores contaron sus experiencias y compartieron unos alimentos. La comunidad universitaria dio las gracias a los voluntarios por su labor humanitaria.

El doctor Fernando Ponce León, S.J., rector, compartió con toda la comunidad un poema. Este le ayudó –según relató- a definir su vocación como sacerdote. El título: Señor, ¿por qué me has dicho que amase? Varios colaboradores y estudiantes leyeron el poema.

Varios colaboradores y estudiantes leyeron el poema:

Señor, ¿por qué me has dicho que amara a todos mis hermanos?

Acabo de intentarlo y, ¡mira!, vuelvo a Ti aterrorizado.

Yo estaba, Señor, tranquilo en mi casa, me había organizado la vida,

mi interior estaba en paz: me encontraba a gusto.

Estaba solo y completamente de acuerdo conmigo mismo.

Encerrado en mi torre, limpio y puro por siempre yo habría estado.

Pero en mi fortaleza, Señor, Tú has abierto una grieta.

Minutos antes, la Tuna y el coro universitarios ofrecieron su música a la comunidad, que se reunió fuera del coliseo. Una de las canciones que resonó en el campus fue Yo vengo a ofrecer mi corazón.

El rector Ponce tomó la palabra y les dio las gracias a todos los presentes. Además, detalló los dos frentes en los que colaboró la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) como facilitadores del diálogo y brindando apoyo humanitario.  

Al tiempo que docentes y estudiantes leían partes del poema, algunos compartieron sus testimonios.

Juan Carlos Velasco, director del coro, contó que tenía sentimientos encontrados. Él, como artista, acudió con sus compañeros a la Casa de la Cultura Ecuatoriana cuando fue tomada por la Policía Nacional.

“Mirar la violencia desatada, en la vigilia cultural, me hizo pensar en la necesidad de blindar nuestros corazones. Había niños indígenas en primera fila en las manifestaciones. Ellos fueron atacados con bombas lacrimógenas. No sentían miedo”.

Edison Vasco, del grupo de brigadistas de la ONU Ecosocc, participó. Antes de empezar su testimonio, agradeció a Dios por cubrirlos frente al desastre y los peligros. “Somos imparciales, trabajamos las 24 horas del día, cuidando”, dijo.

Varios estudiantes señalaron que era el momento de hablar de discursos de odio de un lado y otro del conflicto. Además, afirmaron que era tiempo de hablar del amor de doctoras y enfermeras, que fomentaron la unión, aún en momentos difíciles.

David Páez, alumni PUCE, contó que es parte de la Red de Antropología del Ecuador, que colaboró con las víctimas de la movilización. Enfatizó que, como graduados de esta universidad, los miembros de la red siguieron los principios con los cuales fueron formados. Recordó que recibieron las enseñanzas del padre Marco Vinicio Rueda.  

Páez manifestó una preocupación. Durante los 18 días que duró la movilización indígena y de otros sectores sociales, vio brotes de racismo y xenofobia. “Hay que recuperar el diálogo y reconocernos como un país que debe crecer en la diversidad”.

También comentó que, en un momento, ellos tuvieron que presionar un poco al rector Ponce, porque querían que se abrieran los espacios de la PUCE, para acoger a los indígenas.

“Los compañeros indígenas nos han demostrado que no se puede correr a la posibilidad de un diálogo. Es la forma de solucionar los problemas de la cotidianidad. Les decían vagos y no saben que se levantan desde las 03:00, para cultivar los alimentos que comemos”, destacó el alumni.

Lilia Simbaña, docente de la Facultad de Enfermería, agradeció la colaboración de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). “Estuvimos muy cerca de donde caían las bombas lacrimógenas. Y nos preguntamos si existe la palabra miedo para nosotros. Respondimos que no, porque estamos al servicio de todos”.  

Daniela Beltrán también habló a nombre de los rescatistas y paramédicos. Relató que dormían en el piso, caían emocionalmente al ver las escenas, pero día a día buscaban socorrer a la población que lo necesitaba.

Camila Martínez es estudiante de la Facultad de Ciencias Humanas. Agradeció a los guardias que velan por la seguridad de la PUCE. Su labor está invisibilizada, comentó. Además les pidió a sus compañeros y docentes recordar que ellos están en una condición de privilegio y empezar a verse en los otros.

Miguel Calle, alumno de la Facultad de Relaciones Internacionales, recordó que, en la primera semana de la movilización hubo una reunión con el rector. Los estudiantes debatieron con él sobre la mejor salida. Agradeció y pidió un aplauso para quienes colaboraron en las actividades lúdicas para los niños, que pasaban en ChiquiPUCE; también, por quienes les llevaron leches de chocolate.

En un momento emotivo, le dio las gracias al máster Diego Jiménez, director de Vinculación con la Colectividad, quien estuvo a cargo de las donaciones y la coordinación con los voluntarios.

“Dieguito gracias por todo el apoyo. Es bonito saber que cuando hay estas emergencias, podemos contar contigo”.

Kevin Díaz, estudiante de Medicina de la Universidad Central, acudió a la PUCE. Recordó que las brigadas de salud fueron interuniversitarias. Fueron 18 días de trabajo incansable, aseguró. Pidió que, con el apoyo de la OPS, se trabaje en las comunidades indígenas.

En el Guagua Centro de la Universidad Central ubicaron, comentó, a niños indígenas con desnutrición crónica y parásitos. Les pidió a todos los universitarios juntarse para seguir apoyando a estos hermanos, más allá del levantamiento de la movilización.

Te invitamos a ver un video sobre el evento de agradecimiento

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