Pantalones jean de trabajo se apilan en una esquina de la sala, en donde las máquinas de coser son protagonistas. Pareciera que esas prendas ya hubieran cumplido su etapa de vida útil, pero no. En el Centro Una Familia de Familias, que transforma vidas desde 1964, todo y todos tienen oportunidades nuevas.

En Cotocollao, norte de Quito, funciona esta obra de la Compañía de Jesús. Fue fundada hace casi 58 años. Más de 60.000 personas han pasado por el centro, informa Johnny Espinosa, su director ejecutivo.

Testimonio

Un ejemplo del impacto del centro en las familias es Margarita Pérez, de 49 años. La hoy experta costurera tiene cinco hijos, entre 18 y 29 años; los ha criado sola. Luego de inscribirlos en la unidad educativa del centro, cuenta que estuvo arrepentida durante unos meses. “Me quería dar a la fuga. Nunca me había tocado ir a reuniones y mingas en colegios. Les dije (a mis hijos) que les sacaría de ahí. No quisieron”.

Al inicio de la pandemia, hace casi dos años, en mayo del 2020, Margarita perdió el empleo. Entonces, se abrió una puerta, se vinculó a la unidad de confecciones.

De este modo, ella se siente aún más parte del Centro Una Familia de Familias, que transforma vidas desde 1964. Aprendió a crear prendas a partir de la reutilización para la línea ecológica.

Ellas convierten pantalones viejos en tela para abrigos, chompas, vestidos, overoles, carteras y cojines, explica Silvia Pesántez, la encargada lo importante es que nada se desperdicie.

Más líneas de apoyo

No es la única madre ligada a la obra jesuita. En esa línea, Manuela Vega, de 56 años, se involucró con los huertos, hace dos años. Lo cuenta su hija, Ana Palomo, de 16 años. En total 15 familias están en el proyecto. Han cosechado hierbas aromáticas, frutas y hortalizas.

En suma, quienes se han formado en el centro, dan testimonio de cómo ha transformado la vida de sus familias para bien Es el caso de Hugo Buñay, de 42 años, quien llegó al lugar cuando tenía 6. Hoy es el jefe del taller de carpintería, en donde trabajan 10 personas al momento; el 70% también se educaron en la unidad educativa del centro.

En el lugar, el sonido de la cortadora láser, escuadradora, laminadora y perforadora múltiple, entre otras, obliga a levantar la voz. En ese espacio, fabrican muebles modulares, fáciles de armar; otros para el hogar. También cajas para chocolates y más, también artículos didácticos.   “Agradezco a este centro, me dieron la oportunidad de educarme y de trabajar acá. Transformó la vida de mi familia, mis padres y mis cuatro hermanos, ya profesionales. Mi padre hacía ventanas de aluminio y mi mamá era costurera. Nos enseñaron valores y a ahorrar”, dice Hugo.

La misión

Johnny Espinosa, su director ejecutivo, destaca la misión del centro: brindar una oportunidad de salir adelante a población históricamente marginada de educación, salud, alimentación y trabajo.

En Una Familia de Familias impulsan a 185 familias en situación de vulnerabilidad, de entre cuatro y cinco integrantes. Capacitan a madres y padres, prestan atención social, psicológica, de salud e incluso legal, en casos de violencia intrafamiliar. Mientras los menores reciben educación. La propuesta es entregarles herramientas para transformar sus vidas.

Para finalizar, si quiere ayudarlos puede visitarlos en José Nogales N69-172 y Piedras Negras, en Cotocollao. Además, puede contactarse a los teléfonos 02 249 3459 y 249 3460.

Conozca más de este centro:

Te podría interesar:

El trabajo de los estudiantes y docentes de la Facultad de Psicología de la PUCE.