Darien Castro, estudiante de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, en sus clases virtuales.

Cuando Emilia, de 16 años, iba a diario al colegio antes de la pandemia llegaba a su casa pasadas las 15:00. Hacía tareas y pronto anochecía. No tenía tiempo para más actividades. La educación virtual cambió su rutina. Ahora, en los momentos libres que tiene durante la mañana, adelanta deberes. En la tarde practica danza árabe y ritmos latinos. Y toca el piano.

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