Hace algo más de tres años, en marzo del 2019, Quito se conmovía por los efectos del aluvión, que se llevó casas y vehículos en El Pinar Alto. El lunes 31 de enero del 2022, la historia se repitió, en La Gasca, con mayor fuerza e impacto, en cuanto a pérdida de vidas humanas.

Ese problema (los aluviones y la falta de prevención) ya resulta casi endémico y no solo en Quito sino en Ecuador. Tenemos una especie de amnesia temporal, en unos días probablemente ganemos un partido de fútbol y nos olvidaremos de este desastre”.

Así opina el entomólogo, Álvaro Barragán, quien dirige la Carrera de Biología de la PUCE  y a quien entrevistamos sobre el tema.

El investigador recuerda que en la Alcaldía de Mauricio Rodas ya ocurrió un evento parecido, con menos consecuencias en cuanto a vidas humanas y daños materiales.

En Quito, desde hace décadas, dice, en las laderas del Pichincha hemos tenido Eucalyptus globulus, una especie exótica, que trae connotaciones negativas frente a la fauna nativa, ya que causa daños a otras plantas y animales.

Pero dadas las características de la capital, el eucalipto es la única barrera viva que nos protege de este tipo de acciones. Poco a poco, las laderas se han poblado de urbanizaciones de alta gama y de otras para ciudadanos con menos recursos.

El aluvión que había provocado 22 muertes (hasta las 12:31 del martes 1 de febrero), hace que la ciudadanía se pregunte, ¿cuán importante es proteger las laderas del Pichincha y respetar el límite urbano?

Hace algunos años se estableció que la Av. Mariscal Sucre (Occidental) era era el límite superior, el máximo límite de la ciudad en esa zona. Pero no se respetó. Era una vía límite como la Simón Bolívar, que ahora es una calle más, con semáforos que traban el tránsito para dejar pasar a los usuarios de los nuevos barrios occidentales de Quito

¿Qué problemas identifican en esa zona?

«Se ha perdido una gran cantidad de la capa natural, que protege a esa zona de Quito. Otro problema es la falta de cuidado de las quebradas, que actúan como desfogue natural.

Las quebradas de Quito se han taponado desde hace tiempo. Una de las quebradas de la Mariana de Jesús bajaba hacia La Carolina, que en los años veinte todavía era un humedal, una laguna de charcos, en donde se acumulaba el agua.

Eso se ha ido perdiendo con el crecimiento de la ciudad. No existe una capacidad natural de absorción o desfogue, el ser humano no puede bloquear o llevar toda esa agua que se acumula; se requieren obras de gran magnitud que probablemente se dejaron de hacer hace mucho tiempo».

¿Por qué usted dice que vivimos una especie de amnesia frente a fenómenos muy parecidos?

«Porque no hay acciones para evitarlos. Pensemos que estos eventos de la naturaleza no solo ocurren en Quito. El caso de La Gasca nos conmociona porque es un lugar que conocemos, pero hace dos días pasaba lo mismo en Pucayaco, en La Maná; en Los Ríos, en Esmeraldas y hace unos pocos años aquí en Quito».

Muchos ciudadanos están en alerta. No entienden por qué se producen los aluviones. ¿Cómo explicarles?

Cuando llueve mucho, en lugares en donde hay cobertura vegetal nativa, las plantas se encargan de absorber el exceso de  agua y dispersarla hacia las quebradas y cuencas de ríos. Esa protección se ha perdido en la mayoría de zonas aledañas a Quito.

Las laderas del Pichincha perdieron hacer rato su vegetación nativa y ahora tenemos mayoritariamente bosques de eucalipto. Lo que voy a decir puede generar controversia, pero en las actuales circunstancias,  el eucalipto, tiene una capacidad de absorción de agua increíble y funciona como barrera viva para toda la ciudad de Quito.

Las laderas del Pichincha deberían considerarse áreas protegidas de primer nivel, expropiar zonas por la seguridad de Quito. Ahora el Pichincha está muy vulnerable. No se entiende la importancia de conservar parques y áreas verdes.

El alcalde de Quito, doctor Santiago Guarderas, ha explicado que desde el 2003 no había ocurrido algo parecido: se registró 75 litros de agua por metro cuadrado. ¿Eso no se podía predecir?

Todo lo que ocurre en realidad es previsible. Si no fue desde el 2003, deben haber datos históricos más antiguos que demuestren que en Quito llueve así. Hay datos científicos de investigadores  que pueden decir cuánto ha llovido en una zona, para  calcular modelos predictivos que nos permitan diseñar estructuras acordes a un posible evento máximo. O lo más adecuado, permitir que los paisajes naturales cumplan su función. Es poco usual escuchar hablar de una inundación en un páramo o bosque natural.

Usted cita un evento parecido ocurrido en el 2019 y se ha visto que en 1975, en La Gasca también se vivió algo así. ¿Qué es lo que ocurre?

«Hay negligencia de las autoridades, son los encargados de la planificación urbanística, de conservar parques y áreas verdes, que son los cinturones de protección de Quito. No podemos pensar que en el futuro se sigan construyendo casas y otras edificaciones en el Pichincha.

Cuando llegué a Quito hace unas décadas, el límite superior era la avenida Occidental, pero a los pocos años se abrió un centro comercial y se construyeron edificaciones alrededor.

Hay que hacerse más preguntas. Por ejemplo, cuánto afectará ese proyecto urbanístico que se pretende levantar en Cumbayá, se está tomando un área verde de protección. Muchos piensan, ‘son solo barrancos o unos arbolitos, una quebrada’. No se dan cuenta que todo tiene una función ecológica, si reemplazamos por un relleno, los colectores deben ser obras de ingeniería monumentales que cuestan mucho dinero».

¿Es necesario que se tome en cuenta el criterio de botánicos en esta emergencia?

Es imprescindible. Se debería convocar a botánicos y ecólogos, para establecer qué tipo de vegetación se necesita, la vegetación nativa ayuda a absorber más agua, evita que los caudales sean grandes.

Desde hace cuatro años he observado que los eucaliptos de los alrededores de Quito están infestados  con una plaga, que los defolia (provoca la caída prematura de las hojas). Eran árboles resistentes, casi indestructibles pero hay un insecto que los debilita. Miren sus copas que eran frondosas, ahora se ven como escobillas viejas.

Les pido reflexionar: ¿qué pasará si en 10 años la plaga acaba con los eucaliptos de Quito? Tendríamos eventos parecidos a lo que vimos en La Gasca, pero en toda la zona occidental de Quito y las laderas de la Av. Simón Bolívar.

Como PUCE nos gustaría colaborar para repoblar las laderas del Pichincha, con plantas nativas como el aliso, arrayán, pusupato, pumamaqui, entre otros,  que son de la Sierra. En 10 años probablemente tendremos árboles de 10 a 15 metros.

Debido a la situación que viven Quito y Cotopaxi, nuestra universidad activó el programa PUCE Solidaria, a través del cual estamos recolectando donaciones para los afectados por el aluvión. Puedes entregar víveres, artículos de higiene, ropa, cobijas, zapatos, material lúdico para niños, entre otros, en las aulas de la Facultad de Ingeniería de la PUCE