Hungría es uno de los países más antiguos del continente europeo y su idioma es considerado de los más complejos de aprender. Sin embargo, para Itzel Monteros, estudiante de octavo semestre de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), el primer impacto no fue lingüístico, sino climático. El frío y la nieve marcaron su llegada a Budapest. 

Era también la primera vez que enfrentaba una experiencia completamente independiente, a miles de kilómetros de Ecuador. Para su compañera de carrera, Samantha Escobar, el inicio fue similar. A las bajas temperaturas se sumó una percepción inmediata sobre el entorno social. “En Ecuador estamos acostumbrados a un trato muy cálido. Aquí las personas son más serias”, explica. 

Ambas viajaron a Budapest para cursar su último semestre en la Universidad del Servicio Público Ludovika en Budapest, en el marco del programa Erasmus+. Esta es una beca del gobierno húngaro para estudiantes internacionales que cubre matrícula, alojamiento, seguro médico y un estipendio mensual. Durante su estancia, han vivido un proceso que va más allá de lo académico y que redefine su formación profesional. 

Internacionalización y cultura global 

El proceso comenzó con una convocatoria institucional. Tras postular y ser seleccionadas, Itzel y Samantha destacan que el acompañamiento de la Coordinación Nacional de Internacionalización Universitaria ha sido constante durante cada etapa del intercambio.  Ya en Hungría, la experiencia modifica por completo la vida cotidiana. En la residencia estudiantil conviven con jóvenes de distintas nacionalidades, lo que convierte el intercambio cultural en una práctica diaria. 

Para Samantha, el cambio más evidente está en las formas de interacción. La cercanía habitual en Latinoamérica no se replica en el contexto europeo, lo que exige adaptarse a nuevas dinámicas sociales. 

Itzel Monteros destaca que esta experiencia le ha enseñado a ser independiente. Foto: cortesía.

En el caso de Itzel, esta diferencia implicó expresar necesidades de manera explícita. Este entorno transforma habilidades que, en el aula, se abordan desde lo teórico. Iniciar conversaciones y construir relaciones en contextos diversos se vuelven acciones necesarias. “Es la mejor oportunidad para desenvolverme socialmente”, afirma. 

Aprender fuera del aula 

La experiencia académica también introduce nuevos retos. Itzel cursa asignaturas de nivel de maestría mientras continúa en pregrado, lo que evidencia la base formativa adquirida durante sus estudios en la PUCE. “Estamos recibiendo materias de maestría y podemos entender los contenidos”, explica. 

Para Samantha, el valor del intercambio radica en la ampliación del enfoque, algo indispensable en la carrera que estudian. Ella explica que cursar la carrera en Europa permite abrir su pensamiento. “Me da una visión más amplia en el ámbito político, social y cultural”, sostiene.  Además, vivir procesos políticos en tiempo real, como las elecciones en Hungría, modifica la forma de interpretar los fenómenos globales. La teoría se complementa con la experiencia directa. 

Samantha Escobar vive su intercambio en Budapest, una ciudad cosmopolita. Foto: cortesía.

Internacionalización, una decisión que te cambia

Más allá del componente académico, ambas estudiantes coinciden en que el aprendizaje más significativo ocurre en la vida diaria.  La gestión del dinero, la toma de decisiones y la organización del tiempo se convierten en parte del proceso formativo. “Te enseña a ser más independiente, a controlar mejor tus gastos”, comenta Samantha. 

En paralelo, Itzel destaca el desarrollo de habilidades vinculadas a la comunicación intercultural. El idioma representa un desafío, pero también una oportunidad. “Lo importante es que nos estamos entendiendo y nadie juzga”, señala. E ste contexto impulsa competencias como la empatía, la adaptabilidad y la comprensión de realidades diversas, elementos clave en la formación de profesionales con visión global. 

Al cerrar su experiencia, ambas coinciden en que el principal obstáculo no es el proceso de internacionalización per se, sino la decisión inicial. “Va a haber miedo al principio, pero hay que dar ese primer paso”, concluye Itzel.  Una decisión que, en su caso y el de Samantha, tiene un gran impacto académico, personal y profesional. 

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