Ecuador, desde hace 10 años, invierte alrededor de USD 200 millones anuales en programas de desarrollo infantil integral, un monto importante considerando que equivale al 36% del presupuesto destinado a educación. Con este antecedente, seguro se preguntará si esta inversión está dando frutos. La respuesta es un gran sí.

Esa es la conclusión del artículo: “Los efectos del programa de desarrollo infantil en Ecuador en función del tiempo de exposición” del economista Nicolás Acosta, subdecano de la Facultad Economía de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) y de la economista Martina Alvarado, alumni PUCE.

Según este artículo científico, los niños y niñas que asisten a los Centros de Desarrollo Infantil (CDI) en Ecuador, programa público de atención a la primera infancia, tienen mejoras significativas en su desarrollo cognitivo y socioemocional. En otras palabras, los resultados mostraron que mientras mayor tiempo pasa el niño en el programa, sus capacidades cognitivas y socioemocionales son mejores.

“Este programa sirve y sirve mucho porque permite reducir las brechas que se construye entre niños de contexto socioeconómico pobre y niños de contexto socioeconómico no pobre”, afirma el economista Acosta.

Metodología

Para la elaboración de esta investigación se realizó un análisis de la intensidad (tiempo de exposición) del programa, con el fin de identificar los efectos de la asistencia a los CDI en el desarrollo cognitivo, socioemocional y nutricional de los niños. Los autores estudiaron 16.322 casos recopilados entre 2016 y 2018, en seis evaluaciones diferentes en Quito.

La metodología utilizada fue comparar el comportamiento de los niños que empezaban su asistencia a los CDI con aquellos que ya llevaban algún tiempo en estos centros. Se utilizaron distintos indicadores y un rango de edad determinado,

En la investigación se estudiaron indicadores internacionales que evalúa el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), institución que dirige los CDI. Así se analizó: el desarrollo cognitivo y socioemocional, la vinculación emocional y social, el descubrimiento del entorno natural y cultural, lenguaje verbal y no verbal, exploración corporal – motora y el estado nutricional.

Dentro de este artículo investigativo no se obtuvieron resultados visibles en el campo de la nutrición. Para el economista Acosta, esto se debió a que los estudios se realizaron en Quito, ciudad que no presenta una brecha acentuada de desnutrición.

Algunos datos de la investigación de desarrollo infantil

La atención a la primera infancia en Ecuador, que va desde el nacimiento de los niños a los 60 meses, se divide en dos niveles. El primero para niños no escolarizados de 0 hasta 36 meses, a cargo del MIES; y el segundo para infantes de 37 a 60 meses, que es cuando inician su inserción al sistema educativo y es responsabilidad del Ministerio de Educación.

El MIES atiende con servicios de desarrollo infantil principalmente a niños en condiciones de pobreza y cuyos padres son beneficiarios del bono de desarrollo humano (BDH) en temas de salud, educación y alimentación.

Este servicio social se realiza a través de los CDI, que recibe a niños entre 12 y 36 meses de edad, y el programa Creciendo con Nuestros Hijos (CNH), que beneficia a niños de entre 0 y 36 meses de edad mediante visitas de educadoras del programa a las familias.

En los 1.913 CDI de Ecuador se beneficia a 80.903 niños, según los últimos datos del MIES. En el caso de Quito se tienen 215 CDI que atiende a 9.885 menores.

Nicolás Acosta / Martina Alvarado

¿Por qué es importante invertir en la primera infancia como desarrollo infantil?

Existe amplia evidencia científica sobre los beneficios a futuro de la inversión en la primera infancia. Establecer programas de desarrollo infantil permite mejores habilidades cognitivas y de personalidad, cierre de brechas socioeconómicas, mejores empleos e incluso la reducción de los índices de criminalidad.

Para el premio Nobel de Economía, James Heckman: “Por cada dólar invertido en educación inicial de calidad se obtienen hasta 8 dólares en retorno económico en el largo plazo”.

Esto se debe a que, en la etapa entre el nacimiento y los 5 años de edad, el cerebro se desarrolla rápidamente y los niños absorben de mejor forma los conocimientos y las capacidades sociales.

“Según varias investigaciones, la importancia de la inversión en la infancia temprana está por encima de la inversión en educación secundaria o terciaria”, agrega el economista Acosta.

¿Cuál fue el propósito de esta investigación?

Para los autores, en América Latina, y especialmente en Ecuador, existe poca evidencia de programas sociales y de política pública que funcionen. Por lo tanto, evaluar la efectividad de los programas es fundamental, más aún cuando se invierten recursos del Estado.

Establecer política pública basada en evidencia, sin duda, es la clave para generar efectividad en impacto en los programas sociales. Pues, solo de esta forma se puede diseñar e implementar los programas en base a necesidades reales, haciendo óptima la administración de recursos públicos.

“La importancia que tiene este artículo científico es demostrar el valor de que el Estado haga estas evaluaciones para establecer su política pública”, explica la alumni Martina Alvarado.

En sus planes futuros, los autores esperan ampliar el estudio a otros cantones, de manera particular a aquellos con mayor tasa de desnutrición como los de la Sierra centro, con el fin de obtener resultados de la incidencia de los CDI en el campo nutricional.

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