Cuando un joven culmina el colegio y permanece sin estudiar ni trabajar, no solo enfrenta una pausa académica o laboral. Según especialistas, este es un momento crítico del desarrollo en el que deberían activarse nuevos retos, vínculos y objetivos que permitan consolidar la identidad adulta. Cuando esto no ocurre, pueden aparecer afectaciones significativas en la salud mental y en el desarrollo psicosocial.

La Mtr. Graciela Ramírez, docente de la carrera de Psicología de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), explica que la juventud es una etapa de construcción integral. “No solo hablamos de elegir una carrera o un trabajo, sino de desarrollar vínculos más profundos, asumir compromisos y construir un proyecto de vida que integre lo académico, lo laboral y lo relacional”, señala.

Desde esta perspectiva, la inactividad prolongada no implica únicamente retrasos en la trayectoria educativa o profesional. Además, implica dificultades para fortalecer habilidades sociales, autonomía emocional y capacidad de toma de decisiones.

“La juventud es la etapa en la que se cuestionan los sistemas, se rompen paradigmas y se impulsa el cambio social. Cuando vemos jóvenes excesivamente dependientes, infantilizados o aislados, algo está fallando en ese proceso”, advierte la especialista.

La Mtr. Johanna Herrera, docente de la carrera de Educación de la PUCE, enfatiza que los padres deben mantenerse atentos cuando un joven decide tomarse un tiempo de espera tras culminar el colegio. “Si los padres apoyan esta decisión, ese tiempo no debería dedicarse a estar frente al televisor o al celular sin hacer nada”, señala.

Para la docente, no se trata de un tiempo de inactividad, sino de un período orientado al autoconocimiento, la reflexión y la exploración de intereses y habilidades. Además, se suman alertas como el aislamiento, el consumo de sustancias, la vida centrada casi exclusivamente en lo virtual y las jornadas extensas frente a pantallas. “Nos preocupan jóvenes que pasan 10 o 12 horas en entornos digitales, con escasa interacción social, dificultades para resolver problemas cotidianos y poca capacidad de diálogo incluso dentro de la familia”, añade Graciela.

El uso excesivo de herramientas digitales e incluso de la inteligencia artificial como forma de compañía también aparece como una señal de fragilidad emocional. En este contexto, el rol de la familia resulta clave. Además, las expertas coinciden en que acompañar no significa imponer, sino sostener procesos de diálogo y reflexión. Esto resulta especialmente importante en la adolescencia y juventud temprana, etapas que pueden extenderse hasta los 24 años.

Las cifras refuerzan esta preocupación. De acuerdo con PISA 2022 (OCDE), el 44 % de los jóvenes en América Latina entre 15 y 18 años no logra identificar con claridad una expectativa profesional. Esto evidencia que muchos llegan al final del colegio sin referentes suficientes para proyectar su futuro.

Frente a este escenario, la PUCE ha desarrollado un enfoque integral de orientación vocacional y acompañamiento psicológico, dirigido a jóvenes y familias que atraviesan este momento de transición.

La PUCE ofrece espacios estructurados que combinan evaluación especializada, orientación vocacional, análisis de la oferta académica y actividades orientadas a fortalecer la autonomía, la disciplina y el manejo de la frustración. Un componente distintivo son las Charlas con Profesionales, en las que alumni PUCE comparten sus trayectorias académicas y laborales, ampliando la visión de los jóvenes y sus familias sobre el mundo del trabajo. Por otro lado, se suman visitas al campus, laboratorios, bibliotecas y clases demostrativas que permiten una experiencia universitaria anticipada.

“Cuando el estudiante cuenta con información, acompañamiento y tiempo, la elección deja de ser una carga y se convierte en un proceso consciente”, afirma la Mtr. Soledad Enderica, experta en admisiones de la PUCE. Este enfoque se refleja en los resultados. La PUCE ocupa el primer lugar en empleabilidad en Ecuador, según el QS World University Rankings 2026, y siete de cada diez graduados se encuentran trabajando tras culminar sus estudios.

Elegir bien no significa elegir rápido. Significa hacerlo con apoyo, información y respeto por el proceso personal de cada joven. En ese camino, la orientación vocacional y el acompañamiento psicológico se consolidan como herramientas clave para cuidar la salud mental y construir proyectos de vida con sentido.

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