En medio de titulares alarmantes y discusiones virales, una pregunta incómoda ha comenzado a instalarse en el debate público: ¿la Generación Z es realmente menos inteligente que las anteriores? La afirmación, respaldada por el testimonio del neurocientífico Jared Horvath ante el Comité de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado de Estados Unidos, encendió las alarmas al señalar que los jóvenes actuales serían “menos capaces cognitivamente” que sus padres a la misma edad. Pero, ¿qué hay detrás de esta afirmación?
La Mtr. Johanna Herrera, docente de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) asegura que “la inteligencia no puede medirse únicamente con parámetros tradicionales”. Para la experta en educación, si bien el coeficiente intelectual (CI), ampliamente utilizado durante décadas, evalúa capacidades como el razonamiento lógico o verbal, deja fuera aspectos fundamentales como la creatividad, la adaptabilidad o la inteligencia social.
Un mundo distinto, una mente distinta
La Generación Z —nacida entre finales de los noventa y la década de 2010— es la primera en crecer en un entorno completamente digital. Para ellos, el acceso inmediato a la información no es un privilegio, sino una condición natural.
Este cambio ha transformado la manera en que procesan el conocimiento. Ya no se trata de memorizar datos, sino de saber encontrarlos, evaluarlos y utilizarlos. En este contexto, hablar de “menor inteligencia” resulta, cuando menos, impreciso según Johanna.
“Ellos no conciben una vida sin acceso inmediato al conocimiento”, señala Johanna. Y eso redefine las habilidades que hoy son relevantes.
¿Crisis de atención o evolución cognitiva?
Uno de los argumentos más recurrentes apunta a la dificultad de concentración. Se habla de atención fragmentada, de menor capacidad para profundizar ideas o retener información.
Pero el fenómeno tiene matices. El entorno digital promueve una atención distribuida, donde múltiples estímulos compiten constantemente. Además, prácticas como la escritura manual —clave para la memoria— han sido desplazadas por interfaces digitales. “Cuando escribimos a mano activamos procesos cognitivos complejos que fortalecen la retención. Si eso se pierde, hay impacto”, advierte la especialista.
Sin embargo, no se trata de una condición universal. Las diferencias dependen en gran medida de los contextos educativos, familiares y sociales.
Más que señalar a los estudiantes, varios expertos apuntan a un desfase estructural: la educación no ha evolucionado al mismo ritmo que la sociedad. “Seguimos enseñando con metodologías diseñadas para otra época”, advierte Johanna.
Frente a este escenario, emergen propuestas pedagógicas que buscan reconectar con los estudiantes: aprendizaje experiencial, uso de materiales concretos, actividades sensoriales y metodologías participativas. Escribir a mano, construir objetos o trabajar en proyectos físicos no son prácticas obsoletas, sino herramientas clave para fortalecer procesos cognitivos.
El desafío no es elegir entre lo digital y lo analógico, sino integrarlos.
@tannia_padilla_ Vivimos en la generación con más acceso a información… pero con menos profundidad. Todo es rápido. Todo es tendencia. Todo es superficial. Nos sabemos los trends, pero no sabemos pensar. Consumimos contenido todo el día, pero casi nadie se detiene a aprender de verdad. Ya no se lee. Ya no se analiza. Ya no se cuestiona. Solo se repite. Y eso no es falta de capacidad… es falta de disciplina. Porque mientras unos pierden horas viendo lo que “está de moda”… otros están construyendo habilidades que les van a cambiar la vida. 💡 El problema no es la generación… es en qué decides convertirte dentro de ella. 💬 ¿Tú qué opinas? ¿Estamos evolucionando… o volviéndonos más superficiales?
♬ sonido original – tannia_padilla_
Más que déficit se habla de nuevas competencias
Lejos de una visión negativa, la Generación Z también presenta habilidades propias de su contexto:
- Alta capacidad para buscar y filtrar información
- Pensamiento digital y lógico-computacional
- Creatividad en entornos tecnológicos
- Mayor exposición a diversidad de ideas y contenidos
No obstante, persisten desafíos importantes, especialmente en la comunicación interpersonal y en la construcción de vínculos profundos, cada vez más mediada por pantallas.
“Estamos frente a jóvenes hiperconectados digitalmente, pero con riesgos de desconexión humana”, advierte la docente.
Una generación en construcción
La discusión sobre si la Generación Z tiene un menor coeficiente intelectual sigue abierta. Pero reducirla a una generación “menos inteligente” no solo es impreciso, sino injusto. Se trata, más bien, de una generación que piensa, aprende y se relaciona de forma distinta.
El reto no es medirla con parámetros del pasado, sino construir, junto a ella, las herramientas del futuro. Porque entender sus lógicas no es una concesión: es una necesidad.
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