Durante décadas, el control de la enfermedad de Chagas se ha basado en el uso de insecticidas. Sin embargo, la creciente resistencia de los insectos vectores está obligando a replantear esta estrategia y buscar soluciones más sostenibles.  

Frente a este escenario, una investigación de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) propone un giro innovador: combatir la enfermedad desde el interior del insecto, aprovechando las bacterias que habitan en su organismo.

El estudio, liderado por Matías Cadena, graduado de la Facultad de Ciencias Exactas, Naturales y Ambientales de la PUCE y guiado por investigadores del Centro de Investigación para la Salud en América Latina (CISeAL), logró realizar la primera caracterización de la mocrobiota del intestino de Panstrongylus chinai, un insecto vector del parásito Trypanosoma cruzi, causante del Chagas.

Foto: Insecto que es Panstrongylus chinae, a T. Cruzi

La investigación se realizó en comunidades rurales de la provincia de Loja, donde este insecto habita en entornos domésticos y peridomésticos, manteniendo vigente el riesgo de transmisión.

Los resultados revelaron que el intestino del insecto está dominado por bacterias del género Staphylococcus, principalmente:

  • Staphylococcus saprophyticus (75 %)
  • Staphylococcus equorum (25 %)

“Lejos de ser un dato menor, este hallazgo es clave: la microbiota influye en la capacidad del insecto para albergar y transmitir el parásito”, agregó Matías.

Esto abre la posibilidad de intervenir en ese ecosistema interno para bloquear la transmisión del Chagas desde su origen.

También, el estudio plantea un cambio de paradigma en el control de la enfermedad, al explorar estrategias como:

  • Modificar bacterias para impedir el desarrollo del parásito
  • Introducir microorganismos que compitan con Trypanosoma cruzi
  • Identificar indicadores biológicos para monitorear la transmisión
  • Interferir en bacterias esenciales para la supervivencia del insecto

Estas alternativas forman parte de enfoques emergentes de biotecnología que buscan soluciones más sostenibles y específicas frente a enfermedades desatendidas.

«Si combatimos al vector desde el propio insecto, evitamos que la enfermedad se transmita a personas y animales”, mencionó Matías.

El Chagas continúa siendo un problema de salud pública en América Latina. En Ecuador, se han identificado al menos 16 especies de insectos vectores, y el estudio evidenció un índice de infestación del 7,9 % en viviendas rurales analizadas en Loja.

Además, la expansión hacia zonas urbanas incrementa la necesidad de nuevas estrategias de control.

Más allá del laboratorio, el hallazgo abre una línea de trabajo con potencial para transformar la forma en que se combate esta enfermedad en la región.

En un contexto donde las herramientas tradicionales empiezan a perder eficacia, la ciencia propone mirar más de cerca —incluso a nivel microscópico— para encontrar soluciones.

“Es importante seguir fortaleciendo este tipo de investigaciones porque a futuro podrían llevarnos a descubrir nuevas moléculas u organismos para combatir directamente la enfermedad”, concluyó Matías.

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