Cada 20 de abril ocupa un lugar especial en la memoria de los gabrielinos – estudiantes y egresados de la Unidad Educativa Particular San Gabriel -, pero también en la historia religiosa del Ecuador. Han pasado 120 años desde el llamado milagro de La Dolorosa, un acontecimiento que, hasta hoy, sigue generando reflexión entre creyentes, historiadores y la comunidad educativa.

Uno de quienes ha profundizado en este hecho es Daniel López Garzón, alumni PUCE, Licenciado en Filosofía y master en Pedagogía de la Historia en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) y en Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Madrid. Además, es gabrielino de la promoción 2006, coincidente con el centenario del milagro, lo que ha marcado su interés personal y académico por este episodio.

Su reconstrucción histórica permite comprender no solo lo ocurrido la noche del 20 de abril de 1906, sino también el contexto que lo rodeaba.

Foto: Daniel López.

El suceso tuvo lugar en medio de un periodo de profundos cambios en el Ecuador. Tras la Revolución Liberal de 1895, liderada por Eloy Alfaro, el país atravesaba un proceso de secularización que implicó la expulsión de órdenes religiosas, el cierre de misiones —especialmente jesuitas en la Amazonía— y la instauración de la educación laica.

Hasta entonces, la Iglesia había tenido un rol central en la educación. En ese escenario, el Colegio San Gabriel, fundado en 1862 por Gabriel García Moreno, se consolidaba como uno de los principales referentes educativos del país.

“Era un tiempo de descatolización”, explica Daniel. Ese ambiente de tensión ideológica constituye el telón de fondo del acontecimiento.

Eran aproximadamente las 20:00 de un viernes. Treinta y siete estudiantes internos del Colegio San Gabriel, de entre 11 y 18 años, regresaban de una excursión al Pichincha y se encontraban en el comedor.

El padre Andrés Roesch, S.J., quien los acompañaba, comentó sobre un reciente terremoto devastador en San Francisco, ocurrido dos días antes. Tras darles la palabra, algunos estudiantes compartieron reflexiones marcadas por la fe.

Jaime Chávez Ramírez, Pedro Donoso Lasso y Carlos Hermann, quienes habían recibido la comunión días antes, expresaron su deseo de consagrar su vida religiosa. Fue en ese momento cuando, según los testimonios, observaron que la imagen de la Virgen Dolorosa abría y cerraba los ojos.

“Ven a ver una cosa rara”, habría dicho uno de los estudiantes. La noticia se propagó rápidamente. Durante aproximadamente 15 minutos, varios testigos —entre ellos estudiantes, personal de cocina, el padre Roesch y el hermano Luis Alberdi, S.J.— afirmaron haber presenciado el fenómeno.

El hecho fue sometido a múltiples investigaciones. Comisiones científicas analizaron las condiciones de iluminación para descartar efectos ópticos, mientras expertos en arte examinaron el cuadro sin encontrar anomalías.

Una comisión médica evaluó a los estudiantes para descartar histeria colectiva o alucinaciones, concluyendo que se encontraban en pleno uso de sus facultades mentales. Juristas, por su parte, determinaron que los testimonios no presentaban contradicciones sustanciales.

Finalmente, teólogos consideraron el suceso como inexplicable desde el punto de vista natural, pero veraz en los hechos. El caso fue elevado a Roma y el papa San Pío X lo propuso como un modelo de fe para la Iglesia.

Para el padre Jorge Lasso, S.J., rector del Colegio San Gabriel, el significado del milagro trasciende el hecho histórico y se conecta con una dimensión profundamente espiritual.

“La Virgen Dolorosa es una madre que permanece hasta el final. Cuando todos huyen, cuando todo se vuelve difícil, ella se mantiene firme junto a su hijo”, explica.

Desde esta mirada, añade que para la Compañía de Jesús la figura de La Dolorosa representa “la fidelidad incluso en los momentos de adversidad”, un mensaje que también dialoga con el contexto histórico en el que ocurrió el milagro. “En ese tiempo, la educación católica estaba siendo perseguida. Ser fiel a la fe podía implicar incluso poner en riesgo la vida”.

En un contexto contemporáneo marcado por la inmediatez, el rector propone leer el mensaje de La Dolorosa desde dos claves: paciencia y esperanza.

“Vivimos en un mundo donde todo es inmediato, pero lo verdaderamente valioso necesita tiempo. Como la gestación de un hijo, que no se puede apresurar”, reflexiona.

Foto: entrevista junto al P. Jorge Lasso S.J., rector del Colegio San Gabriel.

En ese sentido, advierte sobre los riesgos de una cultura acelerada: “Hoy todo puede hacerse rápido, incluso con herramientas tecnológicas, pero muchas veces sin profundidad. Lo que no tiene bases sólidas, se desvanece”.

Para el padre Jorge, la Virgen invita a “ser fiel, incluso cuando las circunstancias son difíciles, y confiar en que siempre hay esperanza más allá de la adversidad”.

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