Basta googlear “viajes con ayahuasca”, “ceremonias de San Pedro” u “hongos mágicos” para que se desplieguen una serie de ofertas que prometen sanación emocional y una conexión profunda con el universo en apenas una noche.  El fenómeno, conocido como turismo psicodélico continúa expandiéndose en países como México, Colombia Perú y Ecuador. Aquí estas prácticas se han convertido en un atractivo para viajeros en busca de respuestas personales o alivio psicológico. Pero la pregunta persiste: ¿qué tan seguras y efectivas son realmente estas experiencias? 

Antes de continuar, aclaremos que este artículo no busca satanizar ni idealizar el uso de estas sustancias. Tampoco negar su valor ancestral o cultural. El objetivo es analizar junto a especialistas de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), cuáles son los riesgos que pueden surgir cuando estas prácticas se trasladan al ámbito turístico y comercial. 

El auge del turismo psicodélico, además, no ocurre en el vacío. Forma parte de una tendencia más amplia denominada “mercado del bienestar”. Este mercado ofrece soluciones rápidas para el estrés, la ansiedad o el vacío existencial. Bajo esta lógica, la salud se convierte en producto y la experiencia, en mercancía. Es así como no siempre prevalece la efectividad o el cuidado, sino la rentabilidad. 

No existen datos oficiales de las personas que realizan estas experiencias porque muchas de las ceremonias se realizan en contextos informales. Sin embargo, se estima que cuatro millones de personas de América, Europa, Australia y Nueva Zelanda han consumido ayahuasca en algún momento de sus vidas. Esto según una investigación publicada en 2023 por el International Center for Ethnobotanical Education, Research and Service (ICEERS). El estudio señala además que solo el 10% de estos cuatro millones de personas pertenecen a grupos indígenas.

¿Qué ocurre en el cerebro? 

Desde el punto de vista biológico, estas sustancias actúan directamente sobre la química cerebral.  La PhD. Cristina Toapanta, docente investigadora en la carrera de Biología de la PUCE, explica que los enteógenos, como se denomina a estas plantas y hongos en contextos ancestrales, contienen alcaloides con forma similar a la serotonina.  Esta hormona regula el estado de ánimo, el sueño, el apetito y la digestión.

“Tienen la forma de la molécula similar a la serotonina y pueden unirse a los receptores 5-HT2A (subtipo importante de receptor de serotonina). Activan regiones del cerebro que normalmente están aisladas, alterando la percepción, la cognición y las emociones”, explica Cristina. Es decir, literalmente, te expanden la mente. 

En el documental Buen viaje: aventuras psicodélicas de Netflix, Sting cuenta cómo han sido sus experiencias al probar peyote.

Este proceso modifica la llamada red neuronal asociada al “sentido del yo” y a los pensamientos rígidos. El resultado puede ser introspección profunda, recuerdos reprimidos o una sensación de disolución del ego. Sin embargo, esa misma apertura puede volverse abrumadora. Cristina lo grafica así “es como estar completamente desnudo frente a un tigre”. 

Lo natural no es inofensivo 

Uno de los mitos más extendidos es que, por provenir de plantas u hongos, estas sustancias son inofensivas. La investigadora alerta sobre intoxicaciones por micotoxinas, contaminación durante los procesos de cultivo, mezclas con otras drogas. En el caso de la ayahuasca, por ejemplo, puede existir contaminación al mezclarse con otras sustancias.

Además, recalca que no todas las personas son candidatas. Antecedentes personales o familiares de psicosis, esquizofrenia o trastorno bipolar pueden agravarse. “Primero uno debería hacerse una evaluación psicológica y médica previa. Sin eso, no puedes saber si estás preparado”. 

En este sentido, el Mgtr. Emilio Salao, psicólogo e investigador del Instituto de Salud Pública (ISP) de la PUCE, insiste en que ningún consumo debería darse sin una preparación previa. Más allá de los chequeos físicos, explica que es clave evaluar el estado psicológico, el momento emocional que atraviesa la persona y las particularidades de cada sustancia. Estas combinaciones pueden marcar la diferencia entre una experiencia manejable y una crisis. 

Infografía elaborada con el apoyo de Emilio y Cristina.

“Cada persona es única, pero también lo son las sustancias. No es lo mismo la ayahuasca, la psilocibina, o la marihuana, cada una tiene efectos distintos. Cuando esa particularidad química se cruza con la particularidad de la persona el resultado también es distinto. Por eso no podemos generalizar los efectos de las sustancias. Evaluar el interés por el uso de sustancias con finalidades terapéuticas implica explorar cuáles son las concepciones personales sobre lo terapéutico. ¿Queremos descubrir algo de nosotros mismos? ¿Queremos resolver nuestros conflictos emocionales? ¿O queremos tener experiencias?»

Experiencia no es terapia 

Desde la salud mental, Emilio cuestiona el enfoque comercial que vende estas prácticas como soluciones rápidas. «Algo muy propio de este mercado de la terapia es ofrecer alternativas basadas en experiencias. Pero, desde una perspectiva psicológica clínica, lo terapéutico no es una experiencia: es un proceso para encontrar una posición diferente ante nuestro propio sufrimiento». 

Un abordaje clínico implica diagnóstico, acompañamiento y seguimiento. En cambio, el turismo psicodélico suele ofrecer solo el momento ritual. En esto coincide Cristina, quien explica que las ceremonias pueden, por ejemplo, revivir traumas y, sin integración posterior a la experiencia, provocar una crisis aún más grave.   El “viaje” puede convertirse en una reactivación de traumas sin herramientas para procesarlos. 

Este caso ocurrió en Iquicos, Perú, en 2025. En el estudio de ICEERS se documentaron 58 casos de fallecimientos en ceremonias de ayahuasca publicados en medios entre 1994 y 2022. Sin embargo, ningún fallecimiento fue por intoxicación aguda con la sustancia.

De la ceremonia al turismo psicodélico

En pueblos amazónicos y andinos, estas medicinas forman parte de sistemas comunitarios de cuidado, no de consumo recreativo. El contexto cultural incide en cómo se vive el proceso.  Cuando se extraen de ese entorno y se convierten en paquetes recreativos pierden su sentido original. “El turismo psicodélico sustrae la sustancia y el momento ritual, pero no el proceso ni el contexto cultural”, explica Emilio. 

Además, Cristina señala que esta mercantilización también tiene impacto ecológico: sobreexplotación de especies, cultivos forzados y pérdida de biodiversidad. Algunos hongos medicinales ya figuran en listas de conservación por recolección excesiva. 

Uno de los casos emblemáticos de las especies en peligro es el de los sapos de Sonora, en México.  La presencia de estos animalitos sufrieron un declive pronunciado después de que se popularizaran sus propiedades alucinógenas. Así lo señala un artículo de The New York Times, publicado en julio de 2025. 

Entre la búsqueda y el cuidado 

El interés por el turismo psicodélico revela la necesidad contemporánea de sentido, conexión y sanación. Pero entre la tradición ancestral y el marketing espiritual hay una línea delgada. 

La pregunta no es solo si la ayahuasca o los hongos “funcionan”, sino en qué contexto, con qué acompañamiento y para quién. Porque, como advierten los expertos, abrir la conciencia puede ser transformador, si se está preparado. 

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