Hay besos capaces de detener el tiempo; otros, casi sin darnos cuenta, nos hacen sentir más rejados, tranquilos y hasta felices. ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué sustancias se activan y por qué ese gesto puede hacernos sentir tan bien? Para profundizar en este tema conversamos con la doctora Natalia Quiroz, docente investigadora de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE).

Cuando nos besamos, en realidad pasan muchas cosas al mismo tiempo. No es solo un gesto romántico, es una experiencia bastante intensa para el cuerpo y el cerebro.

Por un lado, el cerebro libera sustancias como dopamina, que está relacionada con el placer, oxitocina, que tiene que ver con el vínculo y la confianza y serotonina que genera bienestar. Por eso un beso puede hacernos sentir felices, conectados o incluso “enganchados” emocionalmente a alguien.

En el cuerpo también hay cambios: aumenta el ritmo cardíaco, la respiración se acelera un poco, y la piel se vuelve más sensible. Es como si todo el organismo se activara.

Pero algo muy importante y aquí entra el enfoque psicológico y de género es que esa experiencia no es igual para todas las personas. Depende mucho de la historia emocional, de si hay confianza, deseo, seguridad… o no. Un beso puede ser muy placentero si es deseado, pero también puede generar incomodidad o incluso rechazo si no lo es.

Cerrar los ojos al besar es algo muy común y tiene que ver principalmente con cómo funciona nuestra atención y nuestras emociones. Cuando besamos, el cerebro recibe muchísima información sensorial del tacto, el olfato, el gusto, como la temperatura, el olor, etc. Si mantuviéramos los ojos abiertos, habría un exceso de estímulos. Entonces, cerrar los ojos ayuda a concentrarnos más en lo que estamos sintiendo, en lugar de distraernos con lo visual.

También, hay algo emocional: cerrar los ojos implica cierto nivel de confianza y entrega. Es como “bajar la guardia” por un momento y conectar más con la experiencia interna y con la otra persona. Desde una mirada más psicológica, incluso puede verse como una forma de profundizar la intimidad, porque dejamos de observar y empezamos a sentir. Además, es interesante pensar que muchas de estas conductas no son solo biológicas, sino aprendidas culturalmente. Hemos aprendido que besar con los ojos cerrados es “lo correcto”, lo romántico, lo esperado… especialmente en ciertos guiones sociales del amor.

Sí, totalmente. Aunque solemos asociarlo solo con lo romántico, el beso tiene funciones mucho más profundas.

Por ejemplo, desde la biología y la psicología, se cree que el beso puede funcionar como una forma de evaluar la compatibilidad con otra persona. A través del olor, el sabor e incluso señales químicas, el cuerpo “capta” información del otro que puede influir en la atracción.

Igualmente, cumple una función clave en el vínculo emocional. Besar a alguien con quien tenemos una relación significativa puede fortalecer la conexión, generar cercanía y reforzar el apego. No es casual que aparezca en momentos importantes: inicio de relaciones, reconciliaciones, despedidas…

Además, el beso es una forma de comunicación no verbal. Puede decir muchas cosas sin palabras: deseo, cariño, cuidado, necesidad de conexión.

Ahora, es importante decir algo clave: no todos los besos son iguales ni siempre son libres. A veces, pueden estar atravesados por presión social, expectativas o incluso situaciones de poder desigual. Por eso, el consentimiento y el deseo mutuo son fundamentales para que el beso sea realmente una experiencia positiva y no una invasión.

No, para nada. El significado del beso cambia mucho según el contexto cultural.

En muchas sociedades occidentales, el beso está muy asociado al amor romántico o al afecto, incluso como saludo. Pero en otras culturas, besar en público puede ser mal visto, inapropiado o incluso prohibido. Y hay culturas donde el beso no tiene el mismo peso simbólico o se expresa el afecto de otras maneras.

Esto nos muestra algo importante: el beso no es solo algo “natural”, también es una construcción social y cultural. Las normas sobre besar están atravesadas por expectativas sobre cómo “deben” comportarse hombres y mujeres.  A las mujeres, en algunos contextos, se les exige mayor recato o se las juzga más por expresar afecto físico. A los hombres, en cambio, a veces se les permite o incluso se les presiona a tomar la iniciativa. También, hay contextos donde el beso puede estar vinculado a normas de poder o control sobre el cuerpo, especialmente en relaciones desiguales.

@bbcnewsmundo Puede que de boca para afuera tengas muy claro lo que pasa cuando besas 😘 ¿Pero sabes todo lo que ocurre dentro de ti en ese momento? Ya tienes tema de conversación con este video por #SanValentín #BBC #BBCMundo #aprendeentiktok #noticiasentiktok ♬ sonido original – BBC News Mundo

Al final, besar no es solo un impulso ni una costumbre aprendida. Es una experiencia donde confluyen química, historia personal, cultura y poder. Puede ser un puente de conexión genuino o, si falta el consentimiento, una frontera vulnerada.

Y quizás por eso, en el Día del Beso, vale la pena mirarlo con otros ojos, como un gesto pequeño que guarda una enorme capacidad de hacernos sentir, de acercarnos, de recordarnos que necesitamos del otro.

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