Reconocido como uno de los grandes intelectuales católicos del siglo XX, Mons. Julio César Terán Dutari, S.J., dejó un gran legado en la vida académica y eclesial del Ecuador. Su pensamiento riguroso, su vocación pedagógica y su liderazgo universitario le convirtieron en una figura central de la historia de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) y de la educación superior católica en la región.
Jesuita, filósofo, teólogo y educador, Mons. Julio Terán concibió la universidad como un espacio de diálogo entre el conocimiento científico, la ética y la fe, siempre en relación con la realidad social. Esa visión orientó de manera decisiva su aporte a la PUCE, institución a la que dedicó una parte esencial de su vida y su misión.
Una trayectoria académica de excelencia
Mons. Julio César Terán Dutari nació en Panamá el 15 de agosto de 1933. Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Loyola de Cotocollao e ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús en 1950. Inició su formación en Humanidades en el Colegio Máximo, con estudios avalados por la PUCE durante el rectorado del P. Aurelio Espinosa Polit, S.J.
El doctor David Chamorro S.J., historiador y docente de la Facultad de Ciencias Filosófico-Teológicas de la PUCE, destaca su perfil intelectual. “Su rendimiento académico siempre fue brillante; más adelante, se erigió en uno de los filósofos y teólogos más destacados del continente”.
Continuó su formación en Alemania y fue ordenado sacerdote en 1963, en el contexto histórico del Concilio Vaticano II. Obtuvo el grado de Professor Doktor en Múnich, con una tesis sobre el pensamiento del jesuita Erich Przywara. A su retorno al país, fue el primer decano de la Facultad Eclesiástica de Teología de la PUCE, cargo que desempeñó entre 1973 y 1985.
Rector visionario y constructor institucional
El periodo más visible de su legado en la PUCE comenzó con su elección como rector, función que ejerció durante diez años, entre 1985 y 1995, en un contexto nacional marcado por profundas transformaciones políticas y sociales. Su rectorado coincidió con una etapa clave de crecimiento, modernización y consolidación académica de la Universidad.
Durante su gestión se concretaron hitos fundamentales. En 1994 se crearon las Facultades de Arquitectura y Medicina, respondiendo a una visión innovadora de la formación universitaria.
El arquitecto Fernando Calle, docente de la PUCE, recuerda que “la creación de la Facultad de Arquitectura fue posible gracias a la total apertura y visión de Mons. Julio César Terán, quien impulsó una propuesta pedagógica basada en el aprender haciendo, aprender a aprender y reaprender. Esta mirada marcó un antes y un después en la PUCE e influyó también en la creación de otras facultades”.
A ello se sumó la expansión territorial de la Universidad, con la creación de las sedes de Ambato, Manabí y Santo Domingo, fortaleciendo la presencia de la PUCE a escala nacional.
Otro aporte estratégico fue la adquisición y administración de la Estación Científica Yasuní (ECY), entregada a la PUCE en 1994 mediante un contrato de comodato por 99 años. Ubicada en el Parque Nacional Yasuní —Reserva Mundial de Biósfera declarada por la UNESCO—, la ECY se convirtió en un espacio clave para la investigación científica, la conservación ambiental y la formación académica con impacto global.
Proyección internacional y servicio eclesial
El liderazgo de Julio César Terán trascendió el ámbito nacional. Durante su rectorado fue elegido presidente de la Federación Internacional de Universidades Católicas (FIUC), reconocimiento a su prestigio intelectual y a su aporte al pensamiento universitario católico a nivel internacional. Además, participó de los inicios del Equipo Jesuita Latinoamericano de Reflexión Filosófica.
Hasta 1990 Julio Terán Dutari había escrito 188 textos académicos, entre libros, capítulos de libros y discursos, según refiere su asistente personal Ernesto Vásconez S.J. En total sirvió durante 22 años a la PUCE, hasta su retiro en 1995.
Al concluir su periodo como rector, y por designación de Juan Pablo II, fue consagrado Obispo auxiliar de Quito, iniciando una nueva etapa de servicio a la Iglesia. Continuó su misión pastoral como obispo de Ibarra, manteniendo un vínculo cercano con la academia y la educación católica.
“Dos rectores de la PUCE continuaron sus servicios como obispos: Luis Enrique Orellana Ricaurte, S. J. y Julio Terán Dutari, S.J”, afirma David Chamorro.
Un legado que permanece
En 2011, el Papa Benedicto XVI aceptó su renuncia como obispo de Ibarra. Un año después asumió un último servicio eclesial como administrador apostólico de la diócesis de Santo Domingo de los Tsáchilas. Su retiro definitivo se produjo en 2015, a los 82 años. Desde entonces residió en la Residencia-Enfermería “Maurilio Detroux”, en Cotocollao donde falleció el 16 de enero de 2026. Julio Terán Dutari fue un hijo devoto de la madre Dolorosa.
En la PUCE, Mons. Julio César Terán Dutari, S.J. es recordado como un pensador lúcido, un maestro exigente y un rector visionario.
“Yo lo conocí, trabajamos juntos. El padre Terán era inmejorable: cercano, cálido y profundamente respetuoso. Más allá del rector, fue un amigo con quien se podía conversar de la universidad, del trabajo y de la vida. Tenía una capacidad única para generar confianza y cercanía, tanto con la comunidad universitaria como con las autoridades de externas, siempre desde la sencillez y la profundidad intelectual”, recuerda Fernando.
Su legado trasciende cargos y periodos administrativos, permanece vivo en la concepción de universidad que ayudó a construir. Orientada a la formación de profesionales competentes, ciudadanos críticos y personas comprometidas con la justicia, la fe y el bien común.
