¿Es vergonzoso tener novio hoy? Así tituló Vogue un reciente artículo que ha encendido el debate en redes y medios. Para algunas voces, se trata de una nueva tendencia; para otras, de un cambio estructural en la forma en que nos vinculamos afectiva y socialmente. ¿Qué está ocurriendo con las relaciones? ¿Acaso las mujeres ya no deseamos el matrimonio ni los compromisos tradicionalmente idealizados?
En Ecuador, los datos parecen dialogar con esta discusión. La condición conyugal predominante sigue siendo la soltería. El 41,5 % de las mujeres no han decidido aún comprometerse. Esto, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Para entender qué hay detrás de este fenómeno, conversamos con la doctora Nathalia Quiroz, docente de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), quien propone mirar este tema más allá de los titulares y analizarlo desde una perspectiva histórica, psicosocial y feminista.
De un mandato social a una posibilidad de elección
Para Nathalia, es imposible comprender la soltería femenina actual sin revisar el peso histórico que ha tenido la pareja en la vida de las mujeres. “Durante décadas, e incluso siglos, la relación de pareja heterosexual fue un destino obligatorio para las mujeres, no una elección”, explica.
Hasta los años 70, el matrimonio representaba seguridad económica, legitimidad social y una forma de protección simbólica. Las mujeres pasaban de depender económicamente de su familia paterna a depender de su esposo. No tener pareja era sinónimo de fracaso, estigmatización y exclusión social. Expresiones como “te vas a quedar a vestir santos” marcaron generaciones enteras.
Además, este modelo tradicional se sostenía sobre profundas asimetrías de poder. Como, por ejemplo, carga de cuidados no remunerados, renuncia al proyecto personal y profesional, y la idealización del amor romántico como sacrificio permanente.
El quiebre del modelo tradicional
Según la experta, los avances del movimiento feminista fueron clave para cuestionar estas estructuras. El acceso a la educación, al trabajo remunerado, al divorcio y a los métodos anticonceptivos permitió que muchas mujeres empezaran a imaginar una vida más allá del mandato de la pareja y la maternidad.
“Las mujeres comenzaron a cuestionar la idea de que estar solas es fracasar. A partir de los años 90 y 2000, se observa un aumento de divorcios, la postergación del matrimonio y de la maternidad. Además, entra en cuestionamiento una pregunta profunda: ¿es posible ser una “buena mujer” sin ser madre o esposa?”, menciona.
Nuevos modelos
Hoy, la discusión ya no se limita a estar o no estar en pareja. La Mtr. Alexandra Serrano, asegura que hay nuevas formas de vincularse. Relaciones abiertas, parejas que no conviven, acuerdos afectivos no tradicionales e incluso la decisión consciente de vivir sin pareja.
“Hoy se plantean preguntas que antes casi no existían. Por ejemplo, cómo quiero hacer pareja, qué espero de mi pareja, qué quiero de la vida en pareja. Sin duda hoy aparece la posibilidad real de elegir, y eso cambia completamente el panorama. Ya no se trata de hacer pareja como sea ni de convertirla en un objetivo de vida incuestionable. La soltería deja de ser un déficit y pasa a ser una opción”, agregó Alexandra.
Salud mental, autonomía e independencia económica
Uno de los factores centrales detrás de esta elección es la salud mental. Muchas mujeres asocian la soltería con menor estrés, mayor tranquilidad emocional y libertad para desarrollar su proyecto personal.
“No tener que convivir con una pareja que violente, limite o condicione tu vida puede ser una forma de autocuidado”, explica la Nathalia.
La independencia económica juega un rol clave. Al no necesitar un proveedor, las mujeres pueden tomar decisiones afectivas con mayor autonomía. Sin embargo, Alexandra advierte que este proceso no está exento de contradicciones.
Estar sola no es lo mismo que sentirse sola
Aunque la soltería puede traer beneficios, también plantea nuevos desafíos. El doctor Francisco Morales, docente de la Facultad de Derecho y Sociedad y especialista en Sociología de las Emociones, menciona el riesgo de una sociedad cada vez más individualizada y emocionalmente aislada.
“Hoy en día, se exploran nuevas formas de conexión, desde el poliamor hasta vínculos más abiertos y dinámicos. En una sociedad marcada por el individualismo y el consumismo, las personas buscan conexiones rápidas y desechables en lugar de compromisos sólidos y duraderos”, agrega Francisco.
Los expertos mencionan que las relaciones actuales, pueden generar nuevas formas de soledad, tanto en mujeres como en hombres. “El equilibrio, está en la autonomía emocional. No depender del otro para existir, pero tampoco renunciar al vínculo y al cuidado mutuo”, dice Nathalia.
Más que una moda, la soltería femenina parece ser el reflejo de un proceso histórico de emancipación, cuestionamiento y búsqueda de bienestar. Un fenómeno complejo que obliga a repensar el amor, la pareja y la forma en que construimos sociedad.
